Lazos que no se rompen
- decaraalavida123
- 12 may
- 1 min de lectura
Algunaa veces la vida se nos vuelve más ligera, cuando alguien decide quedarse, escucharnos y darnos su mano. Una amistad verdadera no compite, no exige, acompaña, te acepta como eres. En medio de días cargados de dificultades, mal entendidos o de situaciones que enfrían el corazón, ser amigo requiere de un acto de valentía, es elegir y no apartarce, no juzgar, no levantar muros de incomprensión. Al contrario hacerse cercano, aun cuando no sea cómodo, sostener al otro con la certeza de que no va a caminar solo.
Renunciar a querer tener siempre la razón para cuidar la relación, pedir perdón a tiempo y ofrecerlo sin condiciones. Un buen amigo no hace la vida más compleja, la hace posible, más humana, más amable, en lo pequeño como un mensaje a tiempo, una escucha sincera, una presencia que no sale corriendo a pesar de la circunstancia, construir un vínculo que te salve el día completo, requiere tiempo y confianza. Hoy es una oportunidad concreta para dar las gracias a Dios y a la vida, por ese amigo que existe de verdad en tu vida.
No sabemos cuánto bien puede provocar un gesto sencillo, pero sí sabemos cuánto daño causa la indiferencia.
Ser puente es una decisión diaria, silenciosa, firme elegir amar en lo cotidiano y desgastante, para que otros respiren un poco mejor.
Te da la garantía que estas haciendo muy bien tu papel de amigo.
Un amigo que tiende una mano, devuelve esperanza, donde no encuentras salida.
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